sábado, 5 de julio de 2008

La conciencia…esa pequeña aguafiestas…

Desde que somos pequeñ@s nos hablan de un ser que habita en nosotros y que nos avisa cuando algo está mal. Pero ahora después de llevar muchos años escuchándola y haciendo lo que me dice esa pequeña jodida, me pregunto siempre ¿le hago oídos sordos o sigo el camino del bien?
Marta es una chica de veintiocho años, la cual lleva una vida amargada desde que conoce a Jaime, un chico de su trabajo que está muy bueno y que le hace tener profundos sueños eróticos entre lazados con historias de más puro estilo Danielle Steele. Jaime sabía que Marta existía e incluso “tonteaba” con ella, pero había un gran muro entre ellos (nunca mejor dicho) tenía forma de mujer gruesa y poco agraciada que se llamaba Elvira (la Gorila), compañera del trabajo de Marta y tremendamente enamorada de Jaime desde hacía dos años atrás. Marta entro después de Elvira en aquella oficina y fue la única que se acerco a ella cuando la veía sola desayunando o en la fiesta de la empresa, sentía que aquella mujer gruesa, de mirada fulminante y cierta antipatía era lo más parecido a una amiga en aquel lugar lleno de gente con muy mala leche. La pobre Marta sentía que volvía a los quince años cuando le llamaba Elvira a casa y se le ponía a llorar porque estaba muy enamorada de Jaime, le contaba historias absurdas como que el otro día, el le guiño un ojo al pasar por su lado, ella le seguía la corriente diciéndole que si, aunque ella sabía que no fue así, tomando café por la mañana, Jaime se acerco a Marta para pedirle un kleenex porque estaba con alergia, eso le hacía pestañear compulsivamente y lagrimear muchísimo.
Marta sentía que le ardía el cuerpo cada vez más cuando veía a Jaime en la oficina con esos polos que también les sentaba a su cuerpo moreno y musculado, hasta que un día sucedió algo inesperado para ella, todo transcurrió deprisa y sin que la pobre Marta procesara mentalmente lo sucedido, Jaime le pidió unos informes y repasar unas cuentas del año pasado que no eran claras. Cuando Marta se dio cuenta, había quedado en su casa para cenar y llevarse toda la noche repasando codo con codo todas las cuentas de la empresa, la gorila supo pronto lo sucedido y muerta de celos le dijo a Marta que confiaba en ella y sabia que no la traicionaría, ante esto la pobre mujer pensó en su adolescencia y paso por su mente esa imagen de su “amiga” Carmen Lora besándose con Pedro Ramírez su amor platónico de “kleenex” (dícese de los amores platónicos por los que lloras y lloras absurdamente porque aunque más llores nunca se fijaran en ti y será un estúpida pérdida de tiempo). Eso le hizo reaccionar y pensar que ella dio mucho en el pasado sin recibir nada bueno a cambio, así pues, pensó en ese día y en Jaime, se prometió que ella no daría el paso de liarse con el “adonis” y que si él lo daba…Aaaaaah, se siente. Llego esa noche y Jaime estaba que crujía, cenaron, rieron y empezaron a hacer el trabajo bebiendo vino que llevo Jaime. Al día siguiente Marta despertó y sentía unos grandes dolores en la espalda, cuando se dio cuenta, estaba en el suelo desnuda junto a aquel hombre que mostraba un gran cuerpo y porque no decirlo, unos grandes atributos, si, había pasado, lo habían hecho, ella empezó a recordar que las risas llevo al vino, el vino a beber mas y el beber mas al más puro sexo con arañazos y mordiscos salvajes.
Pensó en Elvira, que cuando se enterara iba a meter su cabeza en la fotocopiadora y darle golpes hasta matarla, sintió miedo, pero en cuanto Jaime despertó y le volvió a hacer el amor, ella pensó… ¡que te jodan gorila! Elvira se entero muy rápidamente y fue a “hablar” con Marta, ella le dijo que no tenía que darle ninguna explicación y que no fuera una cría, que ya eran adultas y que no se hiciera la mártir, porque ella no haría lo mismo si estuviera en su pellejo. Resultado final, un ojo morado y un mechón de pelos menos, pero con la satisfacción de tener un hombre a su lado que le daba día a día buen sexo y una compañía excelente con el paso de los años.
Por eso os diré, que como le sucedió a mi amiga Marta, no caigáis en la niñez que pudo caer ella de no fijarte en el amor platónico de una amiga si sabes que ella no tiene nada que hacer, así pues, nota mental…la conciencia no siempre tiene razón.

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