domingo, 28 de noviembre de 2010

Y yo ¿Cuándo me corro?

Rosa es una amiga de la que ya he escrito con anterioridad, en otras de mis publicaciones en este blog. Quisiera contaros una historia que le ocurrió hace un par de años en la que ella es la pobre y desgraciada en esta historia que os cuento a continuación. Todo comenzó un triste viernes de invierno en la que la lluvia no cesaba.
Rosa estaba en casa sin tener ganas de salir, pero sus amigas la llamaron y la animaron a salir, pero ella sentía que si se despegaba del sofá se arrepentiría, pero las amigas son las amigas y ellas salen conmigo cuando yo tengo ganas y ellas no, pensó con mucho esfuerzo mientras que se levantaba del sofá. Listas y preparadas, las tres chicas entraban en aquella discoteca repleta de gente y chicos bastante guapos a lo que Rosa exclamo mirando a su alrededor <<¡Vaya es aquí donde os metéis cuando llueve, jodidos cabrones!>>.
Bailaron y se divirtieron, unas horas después se le acerco a Rosa un viejo conocido que no veía desde hacia ya bastante tiempo y el cual no reconoció, pero fue una sorpresa bastante agradable, pues había cambiado para bien físicamente… para muy muy bien. Tomaron unas copas y después salieron por la puerta para poder “intimar”, se dirigieron con el deportivo de el a un polígono bastante lejos de allí, cuando pararon aquel “carro” la pasión broto de ellos mismos y se dispusieron a “comerse” el uno al otro. Aquel coche seria muy deportivo, pero para deportivo todo lo que había que hacer para acomodarse para poder tener una relación sexual plena, cuando encontraron varios y larguisimos minutos después la postura idónea, se escucho <<¡¡¡Hijo de puta!!!>> , Rosa miro a la ventana de su derecha y se vio a un hombre de mediana edad mirándolos a ella y al chico del deportivo, mientras que claro esta, así mismo se hacia un apaño. El chico del deportivo salio corriendo con los pantalones medio bajados detrás del mirón. Rosa salio del coche y se volvió a vestir pensando, que ahí ninguno de los dos tendría ganas de terminar después de aquello, cuando volvió el chico del deportivo le explico que no le dio alcance y ante la asombrada Rosa exclamo <>. Rosa pensó, que ese chaval seria muy llamativo, pero en chicas y orgasmos…poco poco sabia de los orgasmos femeninos. Cuando Rosa se disponía a montarse en aquel coche, miro algo que le hizo reírse sin parar, el mirón antes de irse dejo en la puerta de ese deportivo su orgasmo…el chico del deportivo monto en cólera. Y Rosa aprendió esa noche que jamás jamás volvería a salir sin ganas por mucho que se lo pidieran. Preferiría aunque sonara muy triste para ella, tener un orgasmo en el sillón de su casa calentita , sin ningún fisgón y sin poder correrse a gusto.

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